Ir al contenido principal

Químico de pacotilla Tú químico yo química

QUÍMICO DE PACOTILLA





Hola cosa guapa, solo es para decirte una cosita, pero... me da mucha vergüenza, bueno....ahí va jajajajaja
Me han hablado de un científico, químico para mas señas, que un día probando mezcló cuatro anacondas, ocho tarántulas, seis pirañas, treinta cotorras, ocho alacranes, veneno de víbora y...¡Oh cáspita! Creó a su mujer.

Ella le condenó a la precipitación. Le puso en la punta de la polla una llama de un mechero y acabó carbonizado diciendo: a partir de ahora ¡nitrato de metilo!, ¡no puedooo, noooooo!, nitrato de metilo!, es decir neutralizado para siempre.
Bobalicón, faldero, sumiso, imbécil¡jajajajaja!
Pone la dentadura postiza en agua y cree que elabora una solución molar.
Está su línea de inteligencia.
Ha elaborado el preservativo: "no metil menina y si metil, metil con gomina" para el novio de su hija, no fuera caso que quedara embarazada antes de la boda y tuviera un hijo de puuuta, como él llama a esas pobrecitas criaturas (como así ha sido, ves por donde)
Si además de fantasmón químico es misógino habrá que disociarse, porque es menos dañino inhalar bromo o bañarse en benceno que tratar con él.
Ladrón, mentiroso, estafador, moroso, chorizo, sinvergüenza, flojo de mierda, imbécil, timador, corrupto, mal hijo,cabrón, difamador, vendido, golfo, calculador, aprovechado, cara dura, falso, chupón, inútil, pesetero, vago de mierda, saqueador, gilipollas, bobo, oportunista, embaucador, tramposo.
¡ jajajajajaja!
Así que, ácido un placer, Sr Químico.
Ven, venga alegría para cada día, besitos ¡¡¡muak!!

¡jajajajajaja ! ...¿químico?


TÚ QUÍMICO YO QUÍMICA

El laboratorio de la depuración 


“Lo que no me mata, me hace más fuerte.” — Friedrich Nietzsche

Mi laboratorio huele a ácido, a café frío y a justicia contenida. No es un santuario de ciencia tibia: es un quirófano donde se diseccionan hábitos, se extraen llagas y se arrancan las raíces de la toxicidad. Las placas de Petri, alineadas como filas de crucifijos, esperan la liturgia. Sobre la superficie del agar, deposito la primera partícula: una lengua viperina, curtida en mentiras y envuelta en saliva de traición. Cierro la tapa y dejo que el tiempo haga lo que la gente no se atreve a hacer: observar hasta que la verdad brote.
Al día siguiente, bajo la luz fría del microscopio, el cultivo late con un ritmo violento. Las células se agitan, se golpean unas contra otras, como quienes han vivido a costa del daño ajeno y ahora se encuentran encerradas sin público que aplauda. Proliferan sin rubor. El cultivo da positivo y sonrío: la primera fase de purga ha funcionado.

Abro la caja. El oxígeno activa la metamorfosis: lo que antes era invisible toma contornos humanos. Se inflan como globos de feria, listos para mostrar su esencia. Los dejo salir por la ventana. Verlos elevarse es un pequeño exorcismo: fuera, que se intoxiquen a sí mismos en otro aire.

Las fábulas de la toxicidad 

El Ladronzuelo: se movía como un ratón entre papeles ajenos, robando méritos, caramelos y cualquier mínimo vestigio de buena voluntad. En la placa, su cara de rata se hinchaba hasta estallar en arrogancia diminuta, chillando mientras flotaba hacia otra oficina para robar lo que no le pertenece.

La Chismosa: tejía palabras como redes de araña, atrapando inocentes y devorándolos con murmuraciones venenosas. En la placa parecía un pulpo con tentáculos de lengua afilada, vomitando mentiras microscópicas. Cuando el oxígeno la hinchó, chilló como un demonio atrapado y salió disparada, buscando nuevas víctimas para confundir con cuentos sucios.

El Mentiroso: crecía recto y brillante, pero hueco por dentro. Cada célula era falsedad pura, y su respiración olía a humo y mierda emocional. Se retorcía y gruñía mientras se inflaba, hasta que el oxígeno lo convirtió en un globo repleto de mierda moral que flotó, gritando mentiras, hacia otros que las tragaban sin cuestionarlas.

La Soberbia: se inflaba como un globo de feria intentando eclipsar a todo el que respiraba cerca. Su reflejo en el agar era un espejo deformado, repugnante, y cada célula contenía un poco de altivez asesina. Cuando salió por la ventana, giró altiva, bufando desprecio, antes de desaparecer en la atmósfera.

El Flojo de mierda: se arrastraba, buscando que otros hicieran su trabajo mientras él roncaba de pereza. En la placa parecía un limo inútil, rascándose con pereza y maldiciendo la vida. Cuando lo liberé, se hinchó de frustración propia y salió flotando, incapaz de arrastrar nada, ni siquiera sus propios cojones.

El Oportunista: saltaba de colonia en colonia, chupando energía ajena como un parásito sin ética. Su replicación era caótica y su hedor moral insoportable. La ventilación lo transformó en un globo hueco que flotó fuera, destinado a seguir chupando la vida de otros lejos de mí.

La Mujerzuela: movía sus células con falsedad y seducción barata, intentando atrapar inocentes con su veneno. En la placa parecía un molusco venenoso inflado, babeando toxinas emocionales. Cuando salió, chilló y giró mientras flotaba, destinada a infectar a otro espacio con su basura.

El Resabido: creía saberlo todo y se pavoneaba como un gallo de mierda. En la placa era un insecto con gafas de intelectual pedante, inflándose hasta explotar en vanidad. El aire lo llevó lejos, donde nadie necesitaba escuchar sus lecciones inútiles.

El Traidor: su célula se multiplicaba en círculos concéntricos, como un veneno que se propaga lentamente hasta consumir todo lo que toca. Cuando se hinchó con oxígeno, flotó gritando sus mentiras, incapaz de traicionar a alguien más cerca de mí.

El Chorizo de mierda: cada célula parecía un bolsillo vacío de honestidad, arrastrando suciedad emocional. Se hinchó y flotó como un globo de basura, destinado a perder todo lo que robaba en otro lado.

El Cobarde: se escondía entre las células vecinas, temblando ante cualquier confrontación. En la placa, se hacía minúsculo y arrugado. El oxígeno lo infló hasta que no pudo esconderse de su propia insignificancia y voló a perderse en la nada.

No es suficiente con una sola limpieza. La semana siguiente, repito el rito. 

Esta vez son muestras más variadas: imbécil, imberbe, resabido, mujerzuela —nombres que en mi laboratorio quedan reducidos a etiquetas científicas, inofensivas en su objetividad—. Una placa para cada veneno. Esterilizo, espero, observo. Cuando las colonias brotan, no siento remordimiento: siento precisión.
Cada uno de estos elementos se comporta como en su mini-fábula. No pido permiso para expulsarlos; lo saco con la misma naturalidad con la que un cirujano extrae una pieza infectada. Cada liberación es un acto de justicia microscópica: los microbios humanos caen en su propia trampa.

Mi técnica está patentada, no por vanidad sino por necesidad: hay procedimientos que deberían pertenecer a cualquiera que quiera vivir sin putrefacción moral. Estoy inmunizada; he probado el antídoto en carne propia y me he levantado. No es desprecio: es supervivencia. No es venganza: es descontaminación. Y si alguien confunde mis métodos con crueldad, que pase una noche respirando los humos que dejan. Tal vez entienda por qué es necesario abrir ventanas y dejar que las tormentas se lleven lo que no sirve.

Este laboratorio es un pulso contra la mendacidad: ladrones, mentirosos, estafadores, morosos, chorizos, sinvergüenzas, hijas de puta, soberbias, resabidas, hipócritas, falsas, traidoras, chismosas, flojos de mierda, timadores, corruptos, cabrones, difamadores, vendidos, golfos, aprovechados, caraduras, chupones, inútiles, peseteros, vagos de mierda, saqueadores, gilipollas, bobos, oportunistas, tramposos, pedantes… si respiraste mal, aquí lo demuestro.

Cuando cierro las cajas limpias, siento la calma que nace después de la tormenta. La rabia no es un arma sin sentido; es un motor que pone en marcha una maquinaria de orden. 
Y en el silencio que sigue, escucho la promesa: lo que no me mata —ni susurrando mentiras ni envenenando mis horas— me hace más fuerte. 
Y sí… irónicamente, todos estos especímenes que flotan como globos llenos de su propia toxicidad, que hacen girar el aire con sus miserias y salen volando para envenenar otra atmósfera… son gente cercana. Son familia. Qué cosa más curiosa, ¿verdad? 
Nada como limpiar tu laboratorio personal y darte cuenta de que la mayor contaminación siempre viene de casa.

Comentarios