El pasado que regresa In illo tempore. Un cabrón
EL PASADO QUE REGRESA Que un perro faldero, un chucho sin raza ni dignidad, de esos que lamen la mano de su ama y se arrastran con la barriga pegada al suelo, se atreva a insultar a los débiles, es la definición más pura de la cobardía. No es valentía lo que lo mueve, es miseria, es ruindad. ¿Acaso ignora la podredumbre que respira en su propia casa, en su propia cama, bajo sus propias sábanas? Si tanto se envalentona con su ladrido hueco, habrá que recordarle que los perros falderos ladran mucho, pero muerden poco. Y cuando se les pisa el hocico, chillan como ratas. Las cuatro letras que escupió su boca apestan a vómito rancio. Encajan mejor en ella, en su mujer: la mater amantísima de escaparate, la santa de pega, la esposa ejemplar que predica rectitud mientras juega en la sombra con cartas marcadas. Esa señora perfecta que, cuando se apagan las luces, se convierte en todo lo que niega. Ignorante. Sí, usted, ignorante. Porque la vida tiene una costumbre infalible: el pasado sie...