Los recuerdos regresan
El tiempo pasa para todos, aunque no siempre de la misma manera. Lo medimos en calendarios, en arrugas y en los nombres que un día dejamos de pronunciar. Esos nombres nunca desaparecen del todo. Permanecen dormidos en algún rincón de la memoria, como brasas bajo la ceniza, esperando el instante para volver a encenderse. La infancia tiene esa extraña capacidad de regalarnos amistades que nacen sin condiciones. No importaban las diferencias, ni el dinero, ni las ideas. Bastaban un patio de colegio, un aula, unas fiestas de disfraces, las marchas montañeras o una calle donde jugar hasta que anochecía para construir un mundo entero. Entonces no lo sabíamos, pero allí estábamos escribiendo las primeras páginas de nuestra historia. Después llegó la vida. Cada una emprendió su camino. Unas marcharon a otras ciudades; otras formaron una familia; algunas persiguieron sueños que parecían imposibles y otras aprendieron a convivir con aquellos que nunca llegaron a cumplirse. Poco a poco, las conve...