Y tú, ¿por qué te fuiste?
Hay personas que no se marchan de su país: son sus países los que las expulsan. Se van con una maleta demasiado pequeña para contener una vida entera. Solo algunas fotografías, un poco de ropa, documentos, quizá una llave que ya no abrirá ninguna puerta. Lo demás —la casa, la calle de la infancia, el árbol bajo el que esperaron, la voz de la madre llamándolos etc… quedan atrás, sin poder ser empaquetado.Algunos huyen de las bombas. Otros, de los hombres armados. Otros escapan de una palabra prohibida, de una frontera cerrada, de un gobierno que ha convertido la esperanza en un delito. Hay quienes parten porque la tierra que los vio nacer dejó de ser un lugar donde poder vivir sin miedo y proteger a sus hijos. Y comienza el viaje. Cruzan carreteras, mares, desiertos y fronteras. Viajan de noche para no ser vistos, o de día para no perderse. Aprenden a dormir sentados, a reconocer acentos, a esconder el cansancio. En cada control entregan un poco de sí : un nombre, una historia, una foto...