Yo y mis gafas
Yo supe lo que era llevar gafas de pequeña, porque cuando tenía cinco años me operaron de estrabismo y por aquello de la Ortóptica y la Pleóptica, es decir rehabilitación ocular, las llevé con un ojo tapado intermitentemente. Así una larga temporada. Después ya no las necesité. Hasta que... Todo empieza no con las canas, ni con las arrugas, ni con ese crujido que hace mi rodilla cuando me levanto del sofá. No. Todo empieza con las letras. Un día cojo el periódico y descubro que alguien ha decidido imprimirlo en un tamaño ridículo. Acerco el periódico a la cara. Nada. Lo alejo. Peor. Busco más luz. Cambio de postura.Sospecho que el problema puede estar en el periódico. Hasta que alguien me dice: —Necesitas gafas. Y yo, naturalmente, respondo: —¿Yo? ¿gafas? Pues si. Al principio solo las necesité para leer. Eso creía. Las dejaba encima de la mesa, junto al libro, y me las ponía con dignidad. Así seguí viendo estupendamente. Lo que ocurrió es que las letras, por alguna razón, se iban...