Sabor a sal. Poema
Un paseo junto al mar para descubrir que la verdadera calma deja su huella. Hay días en los que el calor no solo me cae sobre la piel, sino que me recalienta el pensamiento. Todo me pesa un poco más. Las horas avanzan despacio y, a ratos, el aire parece haberse olvidado de moverse. No ocurre así en la terraza de casa que al ser tan abierta, siempre corre la brisa del corredor de la Subbética como un alivio discreto. Entonces llegan los dias de buscar la playa. El camino hacia el mar comienza mucho antes de ver el agua. Empieza cuando el horizonte se ensancha y la mirada deja de tropezar con las paredes, los balcones, las calles, el asfalto, el cemento... Y mi cuerpo, al descubrir la franja azul en la distancia, recuerda ese lugar que la memoria nunca ha olvidado. Me gusta caminar sin prisa por la orilla. Este año lo hago con mis sandalias cangrejeras, porque mis pies ya no quieren molestarse con las piedras amontonadas en la arena. Y con mis bastones de senderismo. Quiero dejar qu...