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Todavía estoy a tiempo. Prólogo de un cambio 1

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TODAVÍA ESTOY A TIEMPO Prólogo de un cambio 1 Hay un momento en la vida en que el cuerpo comienza a hablarnos más bajo, a veces tanto, que ya casi dejamos de oírlo, y eso que con los años aún más se queja. No sucede de golpe; ocurre como en esas películas donde el protagonista mira por la ventana del tren y comprende que debería cambiar de rumbo. Algo parecido a lo que Clint Eastwood susurra en Million Dollar Baby:  nunca es tarde para empezar a pelear por uno mismo. Entonces llegan los pequeños rituales. Caminar cada día. Aprender a respirar mientras el corazón late como un tambor antiguo. Elegir los alimentos que cuidan y no los que nos enferman. Descubrir que entrenar no es castigar el cuerpo, aunque sí lo parece, sino agradecerle haber resistido tantos inviernos. Haruki Murakami escribió que  correr le ayudaba a ordenar el mundo interior.  Tal vez por eso cada flexión, cada kilómetro, cada vaso de agua que bebo, me parece a mi edad una forma de esperanza. Porque la sa...

La sangre que no fue familia

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La sangre que no fue familia Dicen que la sangre une, que la familia está por encima de todo. Pero ¿qué valor tiene esa frase cuando la sangre se convierte en una excusa para justificar el daño? No hay parentesco que redima la crueldad, ni apellido que borre los golpes. Un hermano no deja de ser violento solo porque comparta tu ADN. La infancia no lo absuelve si desde entonces ya cargaba con el veneno de la agresión, si un martillazo en la cabeza fue el primer aviso de lo que traía dentro. No es amor, ni torpeza, ni travesura. Es violencia, y la violencia no se hereda: se ejerce.  Los amigos —esos que elegimos, no los que nos impone la sangre— son más familia que cualquier hermano. Porque el cariño se demuestra con respeto, no con heridas. Porque el amor no duele, ni amenaza, ni deja cicatrices.  Y a su lado ella, la mujer, la que ve, escucha y malquista. La que prefiere la calma aparente de su hogar a la incomodidad de la verdad. Callar ante la violencia no es neutralidad, es...

La cannabica

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La cannabica.  Una vida de humo, gritos y secretos que transforma la casa en un territorio de vergüenza. La susodicha, casi con cuarenta años, grita, escupe blasfemias y fuma para evadirse. No es un gesto estético: es un mecanismo. La hierba le marca el tiempo, le organiza la ansiedad en pequeños descansos combustibles. Fuma como quien se administra una dosis exacta de silencio. La colilla encendida es el metrónomo de la casa. Ellos, sus padres, suspendidos entre la rabia y el miedo, se preguntan cuándo se torció todo. Si fue a los quince, cuando el cannabis empezó a oler en la ropa. Si fue antes, cuando ya respondía con una violencia impropia de su edad.  Ya no hay retorno. O eso repiten como si repetirlo fuera una forma de absolverse.  La violencia verbal no deja hematomas, pero coloniza el aire. Se incrusta en las cortinas, se posa sobre los muebles, respira en las esquinas. En otro contexto, alguien habría escrito: irritabilidad persistente, baja tolerancia a la frust...

Club de lectura Biblioteca de Lucena 6. Comerás flores

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Comerás flores , de Lucía Solla Sobral (Libros del Asteroide, 2025), fue la propuesta del mes del Club de Lectura de la Biblioteca de Lucena.  El título tiene un sentido simbólico y perturbador: sugiere cómo algo, que en apariencia es bello y delicado, puede resultar dañino o asfixiante si se “ingiere”, es decir, si se interioriza sin cuestionarlo. Ciertos gestos románticos, aparentemente amables o poéticos, pueden ocultar dinámicas de control y dependencia emocional. Así, Comerás flores funciona como metáfora del amor idealizado que se vuelve tóxico: algo que se ofrece como cuidado y belleza, pero que termina invadiendo la identidad de la protagonista hasta hacerla perderse a sí misma.  La historia presenta a Marina, una joven que, tras la muerte de su padre, inicia una relación con un hombre mayor, Jaime. Él se muestra encantador y parece llenar su vacío emocional con planes, viajes y atenciones, pero progresivamente ejerce diversas formas de control emocional, manipulació...

La noteta de la meva no-teta

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La noteta de la meva no-teta Porto a la butxaca de l’ànima un paper petit, plegat, una noteta breu que em recorda una circumstància vital. Hi ha escrita una frase curta, suau com un fil de llum al matí; a vegades pesa i a vegades no pesa, tan sols respira. La llegeixo amb els ulls de la memòria, que encara recorda el que hi havia abans i que ara és un espai de silenci. Un silenci que he d’estimar i que he d’aprendre a escoltar. La noteta fa referència al que ara no hi és i abans hi havia; les dues coses continuen bategant i és la tendresa que em salva. Jo a aquest espai l’anomeno " no-teta" . Ho dic en veu baixa, acariciant l’absència perquè no es trenqui més. La " no-teta"  no és buidor: és memòria viva, és la cicatriu que s’ha convertit en mapa que ha deixat sola la seva companya, i el meu cos ha après un nou idioma per estimar aquesta absència, aquesta buidor, aquesta pèrdua. La pèrdua no m’ha robat la capacitat de donar: vull donar llum, vull donar calma, donar...

Mi bruma y la bruma de Lucena

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Mi bruma y la bruma de Lucena La niebla se ha adueñado hoy de Lucena. Lentamente. Se arrastra por las calles y las ventanas aún dormidas. Camina entre sombras suspendidas en el tiempo, y convierte cada farola en una luz tenue que intenta iluminar y no puede. Siento que hay algo en la bruma que se parece a mi vida: a veces no veo más allá de lo inmediato, y aun así, sigo con la débil certeza de que cada paso me acerca a algún lugar que me pertenece, aunque sea invisible. Recuerdo una frase de Amado Nervo, autor que leí hace años: " La felicidad es como las ligeras neblinas: cuando estamos dentro de ella, no la vemos " y aquella otra: " La niebla no borra lo que somos, solo lo hace más misterioso ", y hoy, me siento misteriosa, envuelta en esta nube gris, con una sombra de aroma húmedo, de tierra mojada, de lluvia, de tormenta, de viento y quiero que este mal tiempo desaparezca y me devuelva la paz, que es refugio en la piel de mis días.  Esta bruma tiene, como mi sen...

Club de lectura Blibioteca de Lucena 5. Hamnet

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Club de lectura Biblioteca de Lucena 5. Hamnet  Acabo de leer Hamnet, de Maggie O’Farrell, y tengo que decir que ha sido una lectura que me ha llegado adentro. La novela transcurre en la vida familiar de William Shakespeare, pero, más que hablar de su fama, se centra en su esposa, Agnes, (en los libros consta como Anne Hathaway) una mujer libre, con un profundo conocimiento de plantas y hierbas que le permitía crear ungüentos y remedios, y que le otorgaban respeto dentro de la comunidad, convirtiendo esta actividad en un trabajo remunerado, ademas de cuidar del hogar y de la economía familiar. Más allá de su sabiduría cotidiana, se percibe en ella una gran sensibilidad, un don que roza lo mágico y que le permite tener premoniciones con su intuición.  Agnes es para mí un personaje que late con fuerza en cada página del libro. Ambientado en la Inglaterra del siglo XVI, la historia hace reflexionar sobre el amor, la maternidad, el duelo…y como una experiencia tan íntima como es p...

Lo que el viento no se lleva

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A veces la terraza de nuestra casa no es solo un lugar, sino una tregua. Un espacio donde creemos que el mundo se detiene, donde el afuera se queda fuera y lo frágil descansa. Hasta que algo irrumpe y nos recuerda que nada está completamente a salvo. El viento ha entrado sin pedir permiso y lleva unos días queriendo ser protagonista. Nos ha roto toldos, ha desplazado las sillas mal apoyadas, las macetas que creíamos firmes; también ha arrastrado lo ligero y las plantas que parecían tener raíces. Cruje, golpea, desordena.  Tras la ventana miramos cómo la terraza se queda revuelta. Al principio pensamos que era solo eso: ruido, fuerza, objetos vencidos, pero el miedo llegó después, cuando entendimos que el viento no distingue y que, a veces, se lleva más de lo que ve. El viento sigue jugando a ser vigoroso, sigue entrando, sigue empujando, como si quisiera probar hasta dónde llega su poder. Hay un momento en que el ruido deja de ser ruido y se vuelve advertencia. Como una canción ant...

Autenticidad: el arte de dejar caer la máscara

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Audio teatralizado en este enlace:   👂 Autenticidad: el arte de dejar caer la máscara 👂 Abandoné en la esquina de la calle del teatro la careta petrificada que ocultaba mi rostro. Con la frente sudorosa y el respirar jadeante, dejé que cayera al suelo como un pedazo de pasado que ya no me pertenecía.  Detrás del cartón habitó la noche, y aunque confusa, aturdida como en el despertar de una pesadilla, no miré atrás. Quise esfumar mi historia como una gota de lluvia que se evapora en el fuego. Quise borrar la pantomima de silencios con la que intenté acallar mis ansias de ser yo misma.  Derribé el muro de farsa en el que creí protegerme, sin dejar ni un ápice de rastro de aquella bufonada.  Y en ese instante, la luz entró en mi —como dijo  Rumi:   “ La herida es el lugar por donde entra la luz”.   La claridad no vino de fuera, sino de dentro.   Y yo despertaba. Entendí que las máscaras son necesarias en ciertos escenarios pero mortales si se ...

Adamuz: La tragedia del tren que detuvo los latidos

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Adamuz: La tragedia del tren que detuvo los latidos La tarde venía cansada, con un cielo de hojalata y mucho frío.  El tren avanzaba como un latido obediente, cosiendo estaciones con su hilo de hierro. En el interior de sus vagones voces moderadas, risas tímidas, murmullos y silencios en miradas por la ventana.  Nadie sospecha del pulso cuando late desde siempre.  Entonces el destino se torció.  Un quejido largo, metálico, partió el aire. El suelo perdió su pacto con la recta y el tiempo se volvió una mole rodando por un terraplén. Los vagones olvidaron el camino y se empujaron unos a otros en una sinfonía trágica. El descarrilamiento fue un hilo de hierro que se negó a seguir la trama y el choque, un final que no pidió permiso para existir. Al finalizar el impacto, el tren, vencido, quedó tendido sobre la tierra, que lo aceptó sin reproches. Dentro de sus vagones se levantó un anochecer, y clamaron gritos sin boca, oraciones a un dios, manos buscando otras manos. Lo...