Todavía estoy a tiempo. Entre la culpa y el cuidado
Todavía estoy a tiempo. Entre la culpa y el cuidado Ayer entré en el supermercado con la sensación de quien acudía a una negociación importante. Había confeccionado una lista de la compra, pero más bien llevaba una lista de intenciones. El carro lo fui llenando de verduras, fruta, legumbres, pollo, yogures, patatas, pan integral, semillas… Cada producto parecía una pequeña promesa, una moneda depositada en una cuenta invisible que hoy llamo futuro. Durante años, y como soy muy tragona, no me he privado de comer nada. Desayunos en hoteles de bufete abierto con pan y mantequilla, salchichas, beicon, huevos, y repeticiones de platos en las comidas y cenas copiosas… Pero, en mi interior, la culpa se sentaba también a la mesa conmigo, antes que yo, y me observaba en silencio con los codos apoyados sobre el mantel. Fiscalizaba mi actitud. A mi edad y a partir de ahora, quiero que sea diferente. Mientras elijo los alimentos, no trato de borrar mis excesos ni...