Lucena y fuerza
LUCENA Y FUERZA El día en que escuché aquellas palabras —cáncer de mama—, el tiempo se detuvo. Fue como si un eclipse oscuro cubriera mi universo, como si dentro de mí se abriera un abismo frío y silencioso. La luz de mis mañanas se volvió tenue, y mi corazón, herido, apenas lograba sostener su propio latido. Y, sin embargo, en medio del miedo, apareció una fuerza callada, como una semilla que aún dormía en lo profundo. Busqué en el cielo de la noche el abrazo de las estrellas, el fulgor de la luna, y descubrí que hasta en la oscuridad hay brazos que sostienen y una música que me recuerda la vida. El dolor me enseñó a pronunciar tu nombre —Lucena— como un faro, como una promesa. En ti encontré un refugio para el alma desgarrada, un lugar donde la esperanza sigue latiendo aunque el cuerpo tiemble. Te invoqué como fuerza, como escudo, como llama que no se apaga. Ese instante fue herida, sí, pero también raíz de un coraje que aún me sostiene....