Club de lectura Biblioteca de Lucena 6. Comerás flores
Comerás flores, de Lucía Solla Sobral (Libros del Asteroide, 2025), fue la propuesta del mes del Club de Lectura de la Biblioteca de Lucena.
El título tiene un sentido simbólico y perturbador: sugiere cómo algo, que en apariencia es bello y delicado, puede resultar dañino o asfixiante si se “ingiere”, es decir, si se interioriza sin cuestionarlo. Ciertos gestos románticos, aparentemente amables o poéticos, pueden ocultar dinámicas de control y dependencia emocional. Así, Comerás flores funciona como metáfora del amor idealizado que se vuelve tóxico: algo que se ofrece como cuidado y belleza, pero que termina invadiendo la identidad de la protagonista hasta hacerla perderse a sí misma.
La historia presenta a Marina, una joven que, tras la muerte de su padre, inicia una relación con un hombre mayor, Jaime. Él se muestra encantador y parece llenar su vacío emocional con planes, viajes y atenciones, pero progresivamente ejerce diversas formas de control emocional, manipulación y violencia psicológica que la protagonista tarda en reconocer. El maltrato no deja marcas visibles, pero sí desdibuja su identidad y su capacidad de decidir por sí misma. Marina acaba absorbida por ese mundo y comienza a olvidar lo que la definía.
Percibo en la novela tres ejes fundamentales: el proceso de duelo por la muerte del padre; la amistad —encarnada sobre todo en Diana, que la sostiene en momentos difíciles—; y el deterioro de una relación basada en un fuerte maltrato psicológico en el que Marina se pierde al confundir amor y dependencia.
La obra se abre con la frase: “para las que todavía estáis en un coche a 220 km por hora”, cuyo sentido no comprendí plenamente hasta avanzar en la lectura. A medida que la historia progresa, esa imagen adquiere significado como metáfora de una relación vivida con intensidad y sin capacidad de frenar a tiempo.
Destaco la estructura fragmentaria de los capítulos, que funciona como antesala de cada escena.
La protagonista se presenta mediante fórmulas cambiantes: “tengo una perra, una amiga, una madre, dos hermanos y un padre muerto”; luego “tengo dos anillos de compromiso y un amante”, o “tengo una perra y un duelo que resolver”, hasta terminar con “tengo una perra, amigos, una madre, dos hermanos y una foto de papá en la nevera”. Este recurso me ha resultado especialmente interesante.
El lenguaje narrativo me parece moderno; algunos lo consideran fresco y original. Personalmente, no me ha gustado del todo por la abundancia de anglicismos (online, you only live once, love is love, cheesecake, foodtrucks, etc.). Además, la mención de contactos con arrobas (@patrvskyti, @daynat88…) puede resultar confusa paraísoskmi lectores no familiarizados con el lenguaje de las redes sociales si no se contextualiza.
La narración, por momentos, me resulta cercana y eficaz en el tratamiento de las emociones, aunque en otros pasajes me desconcierta por ciertas expresiones que no termino de comprender plenamente.
Creo que el éxito de la novela no se debe tanto a la historia de duelo como a la identificación que muchos lectores pueden sentir ante el retrato sutil del maltrato psicológico, que a mi juicio es muy evidente, con acoso incluso después de la buena decisión de la protagonista de cortar con la relación.
No es una lectura que me haya entusiasmado, pero reconozco que deja huella, especialmente por su reflexión sobre el amor romántico y la pérdida de identidad.
La reunión del Club de lectura fue intensa y enriquecedora. Desde el inicio se notó la disposición de todos para hablar y escuchar. El tema es delicado —el maltrato psicológico de un hombre hacia una mujer mucho más joven—, pero la conversación fluyó con sensibilidad y respeto.
Éramos mayoría de mujeres, con tan solo tres hombres presentes. Cada uno aportó, desde su perspectiva, su punto de vista.
Compartimos sonrisas y comentarios de buen humor, que aliviaba un poco la carga emocional del tema y algunas compañeras conectaron la lectura con vivencias personales.
Para el próximo mes la lectura consensuada será: Mamá está dormida. Editorial Planeta, de Máximo Huerta.

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