Muchos padres no se cuestionan lo que tendrían que cuestionarse. Deberían de esperar a que la niña hablara, antes que perforarle las orejas y ponerle pendientes.
La sangre que no fue familia Dicen que la sangre une, que la familia está por encima de todo. Pero ¿qué valor tiene esa frase cuando la sangre se convierte en una excusa para justificar el daño? No hay parentesco que redima la crueldad, ni apellido que borre los golpes. Un hermano no deja de ser violento solo porque comparta tu ADN. La infancia no lo absuelve si desde entonces ya cargaba con el veneno de la agresión, si un martillazo en la cabeza fue el primer aviso de lo que traía dentro. No es amor, ni torpeza, ni travesura. Es violencia, y la violencia no se hereda: se ejerce. Los amigos —esos que elegimos, no los que nos impone la sangre— son más familia que cualquier hermano. Porque el cariño se demuestra con respeto, no con heridas. Porque el amor no duele, ni amenaza, ni deja cicatrices. Y a su lado ella, la mujer, la que ve, escucha y malquista. La que prefiere la calma aparente de su hogar a la incomodidad de la verdad. Callar ante la violencia no es neutralidad, es...
72 AÑOS EN IMÁGENES. BREVE RECORRIDO DE UNA VIDA LA NIÑA DE LAS GAFITAS Relato presentado a Concurso de relatos de #Historiasdepadres Organiza Zenda Corría el año 1945 cuando un joven recién casado inició su vida en común con la mujer a la que amaba, viajando hacia un nuevo continente para llenarse de experiencias en Bata, la capital de la entonces llamada Guinea Española. En el puerto de Barcelona embarcaron en el buque español “Domine” , de la Compañía Transmediterránea, que hacía la travesía de la línea del golfo de Guinea. Navegaron durante veintisiete días, haciendo escala en Valencia y recalando en Cádiz, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Monrovia, Lagos, Santa Isabel hasta llegar a Bata, la capital. Allí se establecieron en una de las primeras casas construidas con ladrillo. Hasta entonces las habituales de los indígenas eran de barro y techo de hojas de nipa. Habilitada con un generador de corriente eléctrica que causó tanto asombro entre los nativos, que, he...
La cannabica. Una vida de humo, gritos y secretos que transforma la casa en un territorio de vergüenza. La susodicha, casi con cuarenta años, grita, escupe blasfemias y fuma para evadirse. No es un gesto estético: es un mecanismo. La hierba le marca el tiempo, le organiza la ansiedad en pequeños descansos combustibles. Fuma como quien se administra una dosis exacta de silencio. La colilla encendida es el metrónomo de la casa. Ellos, sus padres, suspendidos entre la rabia y el miedo, se preguntan cuándo se torció todo. Si fue a los quince, cuando el cannabis empezó a oler en la ropa. Si fue antes, cuando ya respondía con una violencia impropia de su edad. Ya no hay retorno. O eso repiten como si repetirlo fuera una forma de absolverse. La violencia verbal no deja hematomas, pero coloniza el aire. Se incrusta en las cortinas, se posa sobre los muebles, respira en las esquinas. En otro contexto, alguien habría escrito: irritabilidad persistente, baja tolerancia a la frust...
La vida es como un bumerán: todo lo que lanzas, tarde o temprano regresará a ti. A veces la vida te cruza con gente cuya alma está torcida, que se alimenta de lo que rompe, que sonríe mientras hiere y que abusa de ti. Y duele. Duele porque una no espera que exista tanta falsedad en quienes, en algún momento, se disfrazaron de cordialidad. La decepción me ha llegado con un burofax. Un golpe a traición. Una absoluta injusticia. Por un momento sentí que mi mundo, ya delicado tras la enfermedad, se encogía; que esa demanda sería un cristal hecho añicos que no sabría recomponer. Pero ahí, en la herida abierta, ha revivido algo poderoso en mí: la serenidad. SOBREVIVO A UN BUROFAX He aprendido a ver, a nombrar, a no justificar lo injustificable. He aprendido que tú, torpe, limitada y rebelde, no defines mi valor; que tú, soberbia y arrogante, no sabes ni un ápice de quién soy yo; y que tú, perro faldero, que sigues órdenes sin dignidad, solo me das lástima. Ninguno merece mi atenci...
"Toni Cruz, Josep Maria Mainat y Miquel Angel Pasqual. La Trinca Tengo un recuerdo personal agradable de La Trinca. Me remonto al año 1981. Hacía unos dias que La Trica, había actuado en un recital en el pueblo de Matadepera,cerca de Barcelona, convocados para cantar en la Fiesta Mayor. A este recital yo asistí pues tengo familia en dicho pueblo. Al salir al escenario fueron pitados y abucheados por parte de un grupo minoritario de publico. Me preguntaba en aquel entonces ¿para qué fueron a verlos?, se sabía qué tipo de canción interpretaban, eran innovadores, valientes y a través del humor desenfafado, en sus letras decian todo bien clarito. Llegado octubre viajaba,junto con una amiga hacia Tenerife y en la cola de embarque del aereopuerto del Prat, en Barcelona, los vi delante mio.Eran Toni Cruz y Miguen Angel Pascual, dos componentes del grupo musical. Iban a embarcar hacia el mismo destino y los saludé, entablamos conversación hasta subir al avión. No lle...
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