Todavía estoy a tiempo. Prólogo de un cambio 1
TODAVÍA ESTOY A TIEMPO
Prólogo de un cambio 1
Hay un momento en la vida en que el cuerpo comienza a hablarnos más bajo, a veces tanto, que ya casi dejamos de oírlo, y eso que con los años aún más se queja. No sucede de golpe; ocurre como en esas películas donde el protagonista mira por la ventana del tren y comprende que debería cambiar de rumbo. Algo parecido a lo que Clint Eastwood susurra en Million Dollar Baby: nunca es tarde para empezar a pelear por uno mismo.
Entonces llegan los pequeños rituales. Caminar cada día. Aprender a respirar mientras el corazón late como un tambor antiguo. Elegir los alimentos que cuidan y no los que nos enferman. Descubrir que entrenar no es castigar el cuerpo, aunque sí lo parece, sino agradecerle haber resistido tantos inviernos.
Haruki Murakami escribió que correr le ayudaba a ordenar el mundo interior. Tal vez por eso cada flexión, cada kilómetro, cada vaso de agua que bebo, me parece a mi edad una forma de esperanza.
Porque la salud es el bien más preciado, y te das cuenta cuando la pierdes. Acabo de pasar por el trance de una mastectomía, el peso que arrastro me cansa y me fatiga, mi cuerpo cruje en sus articulaciones…pero, me están enseñando que el músculo recuerda, el corazón aprende y la vida, incluso cansada, siempre deja una puerta entreabierta para quien decide volver a empezar y es lo que acabo de hacer. Todavía estoy a tiempo.
Y en medio de ese cambio aparecen ellos: las manos tendidas, las voces que animan cuando una duda, la paciencia de quienes entienden que reconstruirse lleva tiempo. Como en esas novelas donde el héroe descubre que no avanza solo, comprendo que la fuerza ha de compartirse.
Mi equipo de ayuda ha llegado a mi vida no para exigirme perfección, sino constancia. Uno me está enseñando que el ejercicio de fuerza no consiste únicamente en levantar peso, sino en volver a sostenerme mas estable. Otro convierte la actividad diaria en un pacto con la vida: caminar más, respirar mejor, sentir el cuerpo despierto otra vez. Y alguien más ha puesto orden en la mesa y en la conciencia, demostrando que trabajar la salud es una forma silenciosa de respeto propio.
Me he puesto en manos de un gran equipo de profesionales: endocrino, coach, nutricionista, psicólogo. Ellos se llaman Juan Ramón, Ivan, Javier, Ramiro y Jose Carlos. Gente joven, responsable, atenta, que me guiará diariamente en este proceso de cambio que he iniciado. Como en "El hombre en busca de sentido", de Viktor Frankl: A veces ese motivo empieza en algo tan sencillo como cuidarse.
Los logros no van a llegar de golpe, ni tampoco haciendo ruido, se parecerán más a los amaneceres: lentos, constantes, inevitables.
Un día descubres que duermes mejor, que el cansancio pesa menos, que la fuerza interior está presente. y empuja y casi sin darte cuenta, vuelves a sentirte activa. Porque cambiar el cuerpo, en el fondo, también es una manera de reconciliarse con la vida.

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