AFAN DE ETERNA JUVENTUD
Aquel fosforescente cartel “Damos vida a tus años” me llamó la atención. Fue cuando la vi salir. Me pareció una Cabbage Patch Kids, hinchada como un globo a punto de elevarse. Pensé que le habrían asegurado tras un intenso tratamiento estético que luciría ojos rasgados, pómulos y labios luminosos, cuello erguido, tetas concupiscentes y culito respingón, para resaltar su belleza.
Sentí pena al verla. Me pareció una patética presa humana, en la espiral sin medida hacia la ansiada “eterna juventud”.
Estuve a punto de recomendarle al pintor Basil Hallward para que hiciera un pacto, como hice yo, con el diablo, y nunca envejecer.
Recapacité. Para qué iba a desearle tanto mal.
Ella, tarde o temprano moriría por ley de vida, sin embargo yo, desde hacía siglos, atrapado en un cuerpo imperecedero, seguía consumiéndome vivo en la lujuria y corrompido en el vicio y los placeres inmorales.
Me sentí solo, sin familia, sin amigos. En aquel instante quise morir.
Al llegar a casa, apuñalé el retrato y me fui con los míos.
Sentí pena al verla. Me pareció una patética presa humana, en la espiral sin medida hacia la ansiada “eterna juventud”.
Estuve a punto de recomendarle al pintor Basil Hallward para que hiciera un pacto, como hice yo, con el diablo, y nunca envejecer.
Recapacité. Para qué iba a desearle tanto mal.
Ella, tarde o temprano moriría por ley de vida, sin embargo yo, desde hacía siglos, atrapado en un cuerpo imperecedero, seguía consumiéndome vivo en la lujuria y corrompido en el vicio y los placeres inmorales.
Me sentí solo, sin familia, sin amigos. En aquel instante quise morir.
Al llegar a casa, apuñalé el retrato y me fui con los míos.