Desencuentros entre un elefante y una mona. Concurso de El Asombrario & CO

DESENCUENTROS

Relato presentado en el concurso de El Asombrario & CO De la Escuela de Escritores.
Otra versión en abril de 2016 presentada en la Microbiblioteca Esteve Paluzi


Ella es pequeña y graciosa, de cuerpo menudo, boca generosa y sonrisa que ilumina. La imagino descender con cuerdas por el hueco de la escalera, saltar ligera hacia el portal y perderse luego entre las ramas del parque, como un soplo indomable de viento verde. Su agilidad me deja perplejo, pues contrasta con la pesadez de mi cuerpo. Y aun así, dice amarme tal como soy: con mi nariz desmesurada, con estas orejas colgantes bajo las que se abriga como en un cesto tibio, con mis ojos de pestañas largas que arrastran una tristeza antigua. 
Nos gustaba contemplarnos en silencio, hablar despacio, escuchar músicas lejanas que parecían venir de otro tiempo. Abríamos juntos las páginas de National Geographic y nos dejábamos llevar a territorios remotos, a ese espacio íntimo y secreto que nos unía con la memoria de los ancestros. 
Ella me espulgaba con una ternura paciente, y yo me rendía a ese gesto como quien se abandona a la certeza del amor. 
Un verano le regalé un árbol para su terraza. Fue la estación más viva de todas: nunca antes la había visto tan feliz, tan despierta, tan encendida. Poco después nos fuimos a vivir juntos, y el mundo se volvió luminoso. 
Pero la erosión del tiempo cala incluso en la piedra más dura. Ella reposaba en su rama, yo en el lodo del solárium. El aire se volvió indiferente. Una discusión nos desgarró: la miré y me devolvió un grito que aún me resuena. Quise responder con la furia de Zeus empuñando su rayo, pero no encontré voz, solo un silencio que se me desgarró hacia dentro. Contuve el rugido, alcé la trompa, levanté las orejas, y el vendaval que surgió de mí la hizo temblar. Entonces, sin dudar, se descolgó una vez más por el hueco de la escalera, saltó hacia el portal y, aquella vez, sí se fue del todo: se perdió entre las ramas del parque y jamás regresó. 
Ahora solo me queda la espera. 
El lento retiro hacia la sombra, aguardando el final, como un animal que sabe que ha perdido su último refugio.

********

Con este relato quiero decir que amar de verdad significa aceptar al otro en su totalidad: no solo en lo que nos resulta cercano, sino también en aquello que nos desconcierta o contrasta con nosotros. La diferencia no es un obstáculo, sino un puente que amplía el horizonte de lo compartido. Solo quien ama sin querer transformar al otro, lo ama de verdad.

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