El pasado que vuelve


Hace unos días apareció por mi despacho una de las personas más tóxicas de mi vida. Qué suerte que no la reconocí. Cuando caí en la cuenta de quién era no daba crédito de su desfachatez volviendo a mi. Los años le han causado estragos igual que a mi, que ya es decir. Todo un horror que se presentara. Han pasado nada menos que 26 años. Fue entonces cuando le cerré la puerta con piedras y argamasa. Lo que se dice a cal y canto. Puse la gran barrera de mi corazón a su insolencia. Cuando cierro una puerta, dejando atrás la estela de un recorrido doliente raras veces la vuelvo a abrir. Poco después me casé y rehíce mi vida. Por supuesto que la saqué de mi despacho sin mediar palabra. Un portazo en las narices merece quien causa sufrimiento con malicia.




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