Todavía estoy a tiempo. Las agujetas 4


Agujetas


TODAVÍA ESTOY A TIEMPO. LAS AGUJETAS


Una reflexión sobre la constancia y el arte de escuchar al cuerpo mientras aprende a ser más fuerte. 

 Hay días en los que en mi cuerpo alguien escribe signos y síntomas en un idioma que no es el mío habitual.  Tengo agujetas en las piernas, en los brazos, en lugares que parecían dormidos y que ahora, con cada movimiento, reclaman su existencia. El problema de entrenar glúteos es que al día siguiente descubres que los tienes y se me hacen presentes al sentarme.
Me duele la rodilla izquierda. Los músculos me envían punzadas que aparecen cuando menos las espero.   He tenido un par de mañanas en las que levantarme de una silla me ha exigido otra estrategia. Sin embargo, empiezo a comprender que entrenar no consiste en vencer al cuerpo, sino en aprender a escucharlo.
Vivimos en un mundo que premia la velocidad. Queremos resultados rápidos, cambios visibles, respuestas inmediatas. Y hete aquí, que el entrenamiento de fuerza me enseña algo humilde y humano: no estamos hechos para la prisa. El músculo no entiende de urgencias. El cuerpo necesita tiempo para aprender aquello que la voluntad desea conseguir en pocos días. Y como en los libros, cada repetición es una palabra. Cada serie es una frase. Cada sesión es una página. Y se nos revela la verdadera historia cuando una lleva suficientes capítulos recorridos. 
Hay días en los que la báscula apenas se mueve. Días en los que la dieta parece una renuncia más que una elección. Días en los que el espejo guarda silencio y no devuelve ninguna señal de cambio. Días en los que una duda incómoda, se sienta a nuestro lado y pregunta si todo esto merece la pena. Pero bajo la superficie algo está ocurriendo. El cuerpo trabaja en secreto. Los músculos aprenden. Las articulaciones se adaptan. El corazón se fortalece. La voluntad echa raíces. Y aunque los resultados todavía no sean evidentes, el proceso ya ha comenzado.  
Poco a poco estoy aprendiendo a distinguir entre el dolor que advierte y el dolor que construye.  La rodilla me enseña prudencia. Las agujetas me enseñan paciencia. Y en este camino me acompaña una figura imprescindible: Iván, mi coach. Atento, profesional y amable. Una persona que me corrige sin humillar, que me exige sin imponer y que me anima cada dia y día tras día. Él no levanta el peso por mí, pero me ayuda a sostener las dudas, que a veces también me pesan. 
El entrenamiento de fuerza termina pareciéndose a la vida. No gana quien no siente molestias. No gana quien nunca falla una serie. No gana quien nunca se desvía de la dieta o quien raras veces pierde la motivación. Gana quien regresa. Quien vuelve después de una mala semana. Quien vuelve después del cansancio. Quien vuelve incluso cuando los resultados tardan en aparecer.  
Perder peso no es ver un número más pequeño en una pantalla. Es notar que las tareas cotidianas que antes suponían un esfuerzo, ahora las llevo mejor.   La verdadera fuerza no aparece cuando levantamos más kilos, sino cuando somos capaces de respetar nuestros límites.  
Deseo que llegue el día en que, mirando una fotografía mía, tomada al comienzo de este proceso, vea los cambios.   
Sé que comprenderé que la fuerza nunca estuvo únicamente en los músculos; estuvo, desde el principio, en la decisión de volver mañana a superarse y de que cada pequeño avance sea una victoria. 


De la serie de textos: TODAVÍA ESTOY A TIEMPO  en este blog.


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