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Mostrando las entradas etiquetadas como TODAVÍA ESTOY A TIEMPO

Todavía estoy a tiempo. El dolor no brinda solo. 6

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Crónica íntima de una mujer que está aprendiendo a convivir con el dolor sin dejar de celebrar la vida. Hay mañanas en las que no me despierta la luz, sino el dolor.  Antes de abrir los ojos, ya está esperándome, sentado al borde de la cama, puntual. Parece un visitante que ha aprendido el camino hasta mi cuerpo y ya no necesita llamar a la puerta. Es impertinente, descarado, molesto, desagradable... y unos cuantos sinónimos más que no quiero citar, porque dicen que los adjetivos empeoran la narrativa de un relato ( este, y tantos otros conceptos, los aprendí de  Flavia Company en las clases de escritura del Ateneo de Barcelona). Mis rodillas protestan antes de sostenerme. Mis manos parecen haber olvidado que un día fueron ágiles. Mis hombros pesan como tantos inviernos que llevo encima. Cada articulación habla, reproduce una respuesta traicionera, camina conmigo desde que amanece hasta la noche. Se sienta a mi mesa, me acompaña cuando arreglo los toldos de la terraza, cuando...

Todavía estoy a tiempo. La metáfora del bambú. 5

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El Dr. Romero e Iván, mi entrenador, que son los que me ayudan a ponerme en forma, me han llevado a conocer la metáfora del bambú.  La metáfora japonesa del bambú enseña que los grandes cambios suelen comenzar de forma invisible. Se cuenta que, durante años, el bambú desarrolla una extensa red de raíces bajo tierra sin que apenas se aprecie su crecimiento en la superficie. Quien observa el bambú, podría pensar que no está ocurriendo nada; sin embargo, cuando sus raíces son lo bastante fuertes, el bambú crece rápidamente hacia arriba en poco tiempo .  El bambú me repite: ¡paciencia! Y yo, que nunca he sido muy obediente, le he respondido muchas veces: ¡sí, sí, paciencia!, pero ¿cuántos kilos se pierden con eso? ¿Voy a mejorar mi glucosa? ¿Voy a poder caminar 10.000 pasos? Él no me contesta, como muchos sabios que suelen ser silenciosos. Han ido pasando días en los que he caminado sin ganas y a veces sin fuerza; en los que he elegido agua en vez de cerveza; en los que he movido ...

Todavía estoy a tiempo. Las agujetas 4

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TODAVÍA ESTOY A TIEMPO. LAS AGUJETAS Una reflexión sobre la constancia y el arte de escuchar al cuerpo mientras aprende a ser más fuerte.   Hay días en los que en mi cuerpo alguien escribe signos y síntomas en un idioma que no es el mío habitual.  Tengo agujetas en las piernas, en los brazos, en lugares que parecían dormidos y que ahora, con cada movimiento, reclaman su existencia. El problema de entrenar glúteos es que al día siguiente descubres que los tienes y se me hacen presentes al sentarme. Me duele la rodilla izquierda. Los músculos me envían punzadas que aparecen cuando menos las espero.   He tenido un par de mañanas en las que levantarme de una silla me ha exigido otra estrategia. Sin embargo, empiezo a comprender que entrenar no consiste en vencer al cuerpo, sino en aprender a escucharlo. Vivimos en un mundo que premia la velocidad. Queremos resultados rápidos, cambios visibles, respuestas inmediatas. Y hete aquí, que el entrenamiento de fuerza me enseñ...

Todavía estoy a tiempo. Entre la culpa y el cuidado 3

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Todavía estoy a tiempo. Entre la culpa y el cuidado Ayer entré en el supermercado con la sensación de quien acudía a una negociación importante. Había confeccionado una lista de la compra, pero más bien llevaba una lista de intenciones. El carro lo fui llenando de verduras, fruta, legumbres, pollo, yogures, patatas, pan integral, semillas…  Cada producto parecía una pequeña promesa, una moneda depositada en una cuenta invisible que hoy llamo futuro.  Durante años, y como soy muy tragona, no me he privado de comer nada. Desayunos en hoteles de bufete abierto con pan y mantequilla, salchichas, beicon, huevos, y repeticiones de platos en las comidas y cenas copiosas…  Pero, en mi interior,  la culpa se sentaba también a la mesa conmigo, antes que yo, y me observaba en silencio con los codos apoyados sobre el mantel.  Fiscalizaba mi actitud. A mi edad y a partir de ahora, quiero que sea diferente.  Mientras elijo los alimentos, no trato de borrar mis excesos ni...

Todavía estoy a tiempo. Una semana después 2

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Continuación de:   Todavía estoy a tiempo. Prólogo de un cambio 1 Todavía estoy a tiempo. Una semana después… cuando los cambios empiezan a sentirse. Apenas ha pasado una semana desde que inicié este camino y ya percibo señales que durante mucho tiempo creí perdidas. Me levanto con algo más de energía. Duermo mejor. Las piernas responden con menos protesta al andar. Incluso la respiración parece haber encontrado un ritmo más amable.  El ejercicio de fuerza, que al principio observaba con desconfianza, empieza a revelarme sus beneficios. Comprendo ahora lo que nadie me había explicado: no se trata únicamente de desarrollar músculo, sino de recuperar autonomía. Cada ejercicio fortalece mis brazos y piernas y fortalece mi confianza. Me reconforta descubrir que el cuerpo todavía es capaz de adaptarse, de responder, de reconstruirse.  También la alimentación ejerce sus pequeños milagros. Tengo más hambre que un político en campaña. Mi entrenador y nutricionista, Iván, ya lo sa...

Todavía estoy a tiempo. Prólogo de un cambio 1

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TODAVÍA ESTOY A TIEMPO Prólogo de un cambio 1 Hay un momento en la vida en que el cuerpo comienza a hablarnos más bajo, a veces tanto, que ya casi dejamos de oírlo, y eso que con los años aún más se queja. No sucede de golpe; ocurre como en esas películas donde el protagonista mira por la ventana del tren y comprende que debería cambiar de rumbo. Algo parecido a lo que Clint Eastwood susurra en Million Dollar Baby:  nunca es tarde para empezar a pelear por uno mismo. Entonces llegan los pequeños rituales. Caminar cada día. Aprender a respirar mientras el corazón late como un tambor antiguo. Elegir los alimentos que cuidan y no los que nos enferman. Descubrir que entrenar no es castigar el cuerpo, aunque sí lo parece, sino agradecerle haber resistido tantos inviernos. Haruki Murakami escribió que  correr le ayudaba a ordenar el mundo interior.  Tal vez por eso cada flexión, cada kilómetro, cada vaso de agua que bebo, me parece a mi edad una forma de esperanza. Porque la sa...