Aloe vera.Lazo invisible en maceta de barro

Aloe vera.Lazo invisible en maceta de barro



En una maceta de barro cocido, reside Vera, una planta de aloe de hojas carnosas y bordes dentados. Vera no tiene ojos para ver el cielo ni oídos para escuchar los trinos de las aves. Su mundo es la luz que la alimenta, la tierra que la sostiene y, sobre todo, las manos suaves que la cuidan. Esas manos pertenecen a una mujer de ojos tranquilos y sonrisa serena. Llega cada día con una regadera, observa a Vera, comprueba la humedad de la tierra y, si la nota seca, vierte agua con delicadeza y limpia el polvo que se asienta sobre las hojas.
Alguna vez ha cortado una de sus pencas, extraído el gel transparente y lo ha aplicado sobre su piel dañada. El alivio casi inmediato es el regalo de la planta a su cuidadora. Son compañeras que comparten un vínculo invisible pero profundo.
Cuando las miro, me parecen la bella historia de cuidado y bienestar, sencilla y vital que reina en nuestras vidas.

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