Soy una mujer hecha de lugares
Yo nací en Guinea.
Hay recuerdos que no son nuestros, pero los llevamos como si lo fueran.Después llegó a Madrid. Estuve en Madrid hasta los 7 años.
Y Madrid sí tiene mis recuerdos. Los míos propios. Los que no necesitan que nadie me los cuente porque todavía puedo encontrarlos en algún rincón de mi memoria. La primera vez que vi la nieve. Mi Primera Comunión. Mi abuelo que me daba "dos reales" y me compraba un montón de chuches. Avenida General Perón con sus espacios para jugar. Personas. Días luminosos y otros de experiencias nefastas que me marcaron para siempre. Madrid fue aprendiendo mi nombre mientras yo aprendía el suyo. Y allí empecé a comprender que una vida no tiene un solo lugar.
Luego llegó Barcelona.

Barcelona no ha sido solamente una ciudad. Es una parte importante de mi vida. En ella dejé historias, amigas, heridas, pertenencias. Eso es lo que más cuesta cuando una se marcha de un lugar. Las ciudades se pueden abandonar, pero junto con los años, el trabajo, los afectos, las conversaciones, los cafés, los paseos con mi perrito Puchi, , las decepciones, las risas y algunas lágrimas siempre irán conmigo. Barcelona me hizo compañía durante mucho tiempo. Me vio cambiar. Yo también la vi cambiar a ella.Vi desaparecer las barracas de la calle Cartagena, vi la transformación del litoral costero de la Barceloneta con los Mundiales, he visto levantar poco a poco la Sagrada Familia, he visto crecer barrios nuevos desde la terraza, como el de Diagonal mar…etc, etc. La llevo en una esquina del corazón. Aquello que fui mientras estuve ahí y que ahora soy gracias a todo aquello. Soy una mujer hecha de lugares.
Y ahora estoy en Andalucía. En Lucena (Córdoba)
Llevo poco tiempo aquí. Lo suficiente para empezar a llenarme de ella. Porque Andalucía tiene esa manera de entrar en una, sin pedir permiso. La luz. Los pueblos preciosos de alrededor Priego de Córdoba, Iznájar, Zuheros…la ladera alfombrada de olivos de la campiña cordobesa vista desde la ermita de Araceli. Los montes de la Subbética que veo delante de mi casa. El silencio a la hora de la siesta. El olor de la tierra cuando llueve. Las conversaciones de voces altas. Las ventanas abiertas. La simpatía de la gente. El sol que se mete dentro de casa porque también quiere vivir en ella. Tengo ya impresiones que van a sobrevivir al tiempo y otras que ya en el futuro, para quedarse. Así funciona la vida.
Guinea. Madrid. Barcelona. Lucena. Lugares que forman parte de mí.
En unos aprendí a mirar. En otro aprendí a vivir. En este, actual estoy aprendiendo a quedarme.












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