La vida es como un bumerán: todo lo que lanzas, tarde o temprano regresará a ti. A veces la vida te cruza con gente cuya alma está torcida, que se alimenta de lo que rompe, que sonríe mientras hiere y que abusa de ti. Y duele. Duele porque una no espera que exista tanta falsedad en quienes, en algún momento, se disfrazaron de cordialidad. La decepción me ha llegado con un burofax. Un golpe a traición. Una absoluta injusticia. Por un momento sentí que mi mundo, ya delicado tras la enfermedad, se encogía; que esa demanda sería un cristal hecho añicos que no sabría recomponer. Pero ahí, en la herida abierta, ha revivido algo poderoso en mí: la serenidad. SOBREVIVO A UN BUROFAX He aprendido a ver, a nombrar, a no justificar lo injustificable. He aprendido que tú, torpe, limitada y rebelde, no defines mi valor; que tú, soberbia y arrogante, no sabes ni un ápice de quién soy yo; y que tú, perro faldero, que sigues órdenes sin dignidad, solo me das lástima. Ninguno merece mi atenci...
Comentarios