- Preclasicismo en Francia (1589-1661) Parte I
- Preclasicismo en Francia. Parte II
- Preclasicismo en Francia. El nacimiento de la orquesta.
Alrededor de las violas se ha constituido ya una música de cámara que cultiva, además de danzas y canciones, la fantaisie, con caracteres propios gracias a Costeley, Le Jeune y Du Caurroy .
Bajo Luis XIII y Mazarino los conciertos de viola se multiplican en la Corte y restantes círculos de la capital y provincias. El estilo de air rivaliza con el estilo figurado en la Fantaisie a seis partes de Henry Le Jeune (transmitida por Merssene, 1636), y en las de Ëtienne Moulinié (1639), escuchar Fantasia à 4 - by Étennie Moulinié in a version for viols and organ , Nicolas Metru 1642), escuchar Fantaise a deux parties V Paris 1642 y Loius Couperin (1656) escuchar Fantaisie pour les Violes
Los violines, antiguamente adscritos a la música de la Ecurie, son los que establecieron las primeras reglas de la música para conjunto.
Los veinticuatro violines, organizados en 1592, se convirtieron en 1620, con sus seis sopranos, seís bajos, cuatro contraltos, cuatro tailles y cuatro quintes, en la primera orquesta permanente. Paralelamente a los lautistas pero de forma más espectacular se introduce en la Corte, que amaba apasionadamente la danza, un arte popular en su origen y que es precursor de la suite para orquesta. El repertorio de la primera generación, que Praetorius enriqueció con más de trescientos ejemplos (Terpsichore Masarum,1612) comprende numerosos branles, courantes, zarabanadas, gavotas y passepieds de Bretaña.
Las obras de la generación siguiente, en la que brillan compositores como Mazuel y Lazarín, y virtuosos como Louis Constantin, el "rey de los instrumentos", Guillaume Dumanoir ( ***(1615-1697) Suite en Fa/Do majeur ), Verdier y Bruslard, se conservan en el "manuscrito de Kassel" (veinte suites).
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Louis Constantin de Rohan |
La estilización de la danza provoca una escisión entre los instrumentistas: se distingue entre arte culto y arte popular. El hecho de escuchar unas danzas, muchas de las cuales han perdido su carácter coreográfico, en un concierto, anuncia ya el nacimiento de una música pura, "sinfónica", destinado en primer lugar a los violines, apreciados por su ideal poder de expresión.
En 1655 Ballard publica unas Pièces pour le violin a cuatro, que ya no se inspiran en la danza. "El instrumento, y su consecuencia la orquesta, han ganado su título de nobleza" (F. Lesure).
Los violinistas franceses se impusieron rápidamente fuera de su patria, pues interpretan música de danza en muchas cortes europeas. A principios de siglo un tal Antoine Emeraud era maestro de danza del duque de Brunswick.
Adam Vallet, que interpretaba airs de ballet en las calles de París en 1607, se encuentra entre 1628 y 1662 al servicio de Carlos II de Inglaterra.
En Italia la moda de las " correnti" y de los "balletti" a la francesa tiene vigencia entre 1625 y 1650.
La música de la Ecurie disponía en este momento de doce grandes oboes, doce trompetas, cuatro pífanos y cuatro tambores. Desaparecieron las cornetas. Los oboes, de los que la colección Philidor nos ha conservado airs de danza de escritura totalmente armónica, constituyen un cuerpo especial que participa en las ceremonias oficiales y en los bailes de la corte. Algunas veces se unen a los violines en la sinfonía.
En 1640 la capilla real, dirigida por un eclesiástico, contaba con dos subdirectores, uno o dos compositores adscritos, un organista, veinticuatro chantres, dos instrumentistas de corneta, dos maestros de laúd, ocho capellanes, cuatro clérigos y dos preceptores de gramática para los niños.
Entre los subdirectores estaban Eustache Du Caurroy(***Eustache du Caurroy: Cinq fantaisies sur Une jeune filette), Nicolas Formé (*** Nicolas Formé, Ecce tu pulchra es (1638) ), Eustache Picot, Thomas Gobert y Jean Veillot.
Durante este periodo de transición las transformaciones de la escritura, ya iniciadas en el siglo XVI, adquirieron su pleno significado. Mientras declinaba la polifonía, el hecho dominante lo constituía el advenimiento de la monodia acompañada con el bajo continuo. Es sabido que la nueva escritura armónica se origina en la nueva orientación en las relaciones entre poesía y música. Ya la polifonía había tomado conciencia de la evolución a través del madrigal y de formas derivadas, que conceden la misma importancia a todas las voces. Pero con el solo vocal, y en especial con el recitativo, que quiere imitar el relato del orador, las palabras se transforman en cierta manera en dueñas de la armonía, llevan el ritmo y determinan las cadencias. Algunos elementos comunes a la antigua escritura subsisten todavía, pero voz e instrumentos adquieren un carácter específico que se amplía en el estilo concertante; en él juegan, según la ley del contraste, oposiciones dinámicas (forte y piano), oposiciones de timbre y color, de escritura armónica y contrapuntistica (motete a doble coro).
En la música instrumental cada instrumento o cada conjunto, al ser independiente del antiguo estilo, se desarrolló de acuerdo con los perfeccionamientos en el arte de la construcción (órgano, clave) y conforme a sus técnicas individuales o formas propias. Esta diversidad en las técnicas tuvo por consecuencia, y esta es la innovación más importante des pués de la escritura, la de separación completa de la unidad de estilo que hasta entonces se había conservado. Para cada artista el problema del estilo se plantea de acuerdo con el género musical y su función sociológica. Se distingue entre música religiosa, música instrumental y música de ballet (o de teatro), y nacen tres campos de acción diferentes. Los medios difieren según se trata de la voz, un instrumento, o unos conjuntos. En definitiva, ya existe un estilo, si no muchos estilos. Y por ello la polifonía, ya lo hemos visto, no es totalmente abandonada, sino conservada como segunda lengua.
La danza, aparecida muy pronto en el vaudeville (la canción para la danza) y en el repertorio de laúd (suites), tiene un papel determinante en la evolución característica del estilo concertante. Mientras el recitativo cantado confiere a la melodía o al discurso musical una independencia y una ausencia de forma definida, cuyos instrumentistas se inspira en obras libres, la danza popular aporta al arte culto su división interna del discurso melódico, sus ritmos, su pulsación dinámica y periódica, y su sentido de la tonalidad.
Mientras la polifonía daba algunas veces la impresión de armonía, en el sentido moderno de la palabra, pero permaneciendo fiel a las leyes de la melodía, la danza establece con firmeza unas relaciones entre las voces superior e inferior, y modifica todas las perspectivas incluso antes de imponerse definitivamente el bajo continuo.
Sugiere nuevas posibilidades armónicas que favorecen la implantación de la tonalidad, sistema de relaciones de acordes fundadas en un centro tonal en el que la tónica se convierte en una especie de centro de gravitación en relación con los otros acordes. Los instrumentos armónicos contribuyen también felizmente en especial el laúd, a esa evolución hacia la tonalidad al adoptar el temperamento igual, es decir la división de la octava en doce semi tonos.