Las amistades que han dado sentido a mi vida

Cuando miro atrás, no solo recuerdo mi vida por los lugares en los que he vivido o por los años que han pasado. La recuerdo por las personas que han caminado conmigo. Algunas llegaron cuando apenas tenía siete años y aún siguen ocupando un lugar privilegiado en mi corazón. Con ellas aprendí que la amistad nace jugando,creciendo y compartiendo vivencias, y que nunca desaparece del todo. Nos hemos visto cambiar, caer, levantarnos y volver a empezar, tantas veces, que ya no necesitamos explicarnos quiénes somos. Lo sabemos.

Más tarde, la vida me llevó a estudiar en la Escuela de enfermería de Vall d'Hebron. Y empecé a trabajar en el hospital. Allí descubrí otra forma de amistad: la que nace entre el cansancio de una jornada interminable, entre una sonrisa compartida en los momentos difíciles y la complicidad de quienes saben lo que significa cuidar de los demás. Aquellas personas no fueron solo compañeras de trabajo;permanecieron a milado incluso cuando dejé de recorrer aquellos pasillos.

Después llegó mi etapa en las consultas de Padre Claret, y en el CAP Maragall, donde la vida volvió a regalarme nuevas personas. 

Nunca es tarde para abrir la puerta del corazón. Cada compañera y compañero,tenía su propia historia, pero todos fueron dejando huellas que, aún hoy, en el recuerdo me acompañan.

Entonces no imaginé que una fractura de espalda cambiaría el rumbo de mi vida hasta el punto de tener que dejar de trabajar y aceptar una invalidez. Sentí que perdía una parte de mi vida. Algunas personas se quedaron en aquella etapa y otras siguieron caminando conmigo. Fue un tiempo de despedidas,de incertidumbre y de aprender a vivir de otra manera. 

Algunas siguieron llamando, preguntando cómo estaba, haciéndome sentir que seguía formando parte de sus vidas. Otras se quedaron en el recuerdo y no supe nada más.

Hay amistades que llegaron a través de las redes sociales. Personas que un día eran un simple nombre detrás de una pantalla y que, con el tiempo, se convirtiéron en parte de mi día a día. Una vez mas, constato que la distancia no impide que nazcan relaciones sinceras, y que, cuando existe respeto,el lugar donde nos conocimos deja de tener importancia.

Hoy vivo una etapa distinta. Donde resido actualmente he conocido personas nuevas que han llegado cuando ya creía que las grandes conexiones pertenecían al pasado. Siempre hay espacio para conversaciones sinceras, para unas risas, para unos baños en la piscina de la urbanización, para tender una mano, para compartir aficiones.

La amistad no entiende de edades ni de distancias ni de etapas. Todas tienen su espacio. Las de la infancia, las que llegaron entre los pasillos del hospital, las del CAP,  las de las redes, y las de este último capítulo, cuando la vida me ha obligado a reinventarme. Todas forman parte del mismo mapa.

Hay quienes compartieron una parte de mi camino y que hoy ya no están. Se fueron demasiado pronto; Su ausencia dejó mucho vacío y también siento por ellas gratitud por todo lo vivido. A veces regresan en un recuerdo inesperado, en una fotografía, en una canción o en una conversación que despierta su nombre. No puedo abrazarlas, pero sí recordar muchas cosas que en su día compartimos. 

Hubo personas que llegaron para enseñarme lo que una amistad nunca debería ser. Personas negativas, que en lugar de sumar, restan, que juzgan más de lo que comprenden, que siembran dudas, críticas o desánimo y malos rollos. Me ha costado entender que no todo el mundo merece un lugar permanente en mi vida. Cuidar de mí misma significa saber alejarme de quienes hacen daño, son tóxicos, apagan la ilusión o convierten la tranquilidad en inquietud. Esta gente ha pasado por mi vida para enseñarme el valor de poner límites y de elegir con quién quiero compartir mi camino, he aprendido a valorar aún más a quienes permanecen con un corazón limpio, una palabra sincera y una amistad que nunca pide nada a cambio.

Todas han dejado una huella. Cada una a su manera ha contribuido a la persona que soy hoy. Y mientras conserve su recuerdo, una sonrisa, una anécdota o el eco de una conversación seguirán formando parte de mi historia. 

La amistad verdadera vive para siempre en el corazón de quienes hemos tenido la suerte de encontrarla.Hoy doy gracias por todas y cada una de las personas, las que están y las que no están. 

Gracias, gracias, gracias.

Y ahora... me voy a leer "Las gratitudes" de Delphine de Vigan.

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