Danton y Sara, cada vez que se producía el fenómeno celeste de un eclipse, viajaban al continente donde pudieran observarlo con mayor precisión.
Aquel año iban a ser testigos de un acontecimiento extraordinario. La tétrada de lunas rojas coincidía con las fiestas judías del Pésaj y del Sucot, y esto significaba el fin del mundo, según la profecía de Joel: “El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que Dios arrebate a sus escogidos”.
En la cuarta luna de sangre el cielo ennegreció. Danton y Sara no se inmutaron absortos por la grandeza de aquel espectáculo.
Sobrevino el Apocalipsis.
Al disiparse las tinieblas todo estaba arrasado. No había ni Dios que quisiera volver a empezar y repetir la historia de la Humanidad.