Me acaricia la brisa del atardecer
mientras me adentro
en el muelle de mis emociones.
Reflejada
en acompasados vaivenes
sobre el mar,
te veo.
Me pareces tan bella
como el primer día.
El mástil
dibuja en el cielo una cruz
en el instante que rezo,
yo escéptica y descreída,
para que nunca me faltes.
Dos pasiones, el mar y tú.
Mis puertos donde reposar.
Acuarela de Álvaro Peña
OTRA VERSIÓN:
Me acaricia la brisa de los atardeceres mientras atravieso la playa con barcas varadas, pescadores y redes, y me adentro en el muelle del puerto de mis emociones.
Reflejada te veo en acompasado vaivén sobre el mar, hoy especialmente acicalado de azul, el color que te gusta, y me pareces tan bella como el primer día.
Miro el mástil de una barca que dibuja en el cielo una cruz y empiezo a rezarle rogando que nunca me faltes. Confieso que el mar y tú sois mi pasión, donde vivo anclada en tan sereno puerto.
Reflejada te veo en acompasado vaivén sobre el mar, hoy especialmente acicalado de azul, el color que te gusta, y me pareces tan bella como el primer día.
Miro el mástil de una barca que dibuja en el cielo una cruz y empiezo a rezarle rogando que nunca me faltes. Confieso que el mar y tú sois mi pasión, donde vivo anclada en tan sereno puerto.