La seu de Manresa. Breve apunte


Para acceder al Puigcardener desde la ciudad y la plaza del Ayuntamiento, se debe subir la Baixada de la Seu, que tiene a la izquierda el palacio del Veguer (s. XVII) y a la derecha, el conjunto de edificios medievales y posteriores anexos a la basílica. Alrededor de sus caras laterales y del ábside, está el parque de la Seu, flanqueado en su cara sur por la muralla de la ciudad y un amplio mirador sobre un risco que da al río, al Pont Vell y a la entrada monumental de Manresa, donde también está la Cova de Sant Ignasi y la torre de Santa Caterina.






La fachada anterior da a la plaza de la Reforma y a su aparcamiento bajo tierra. La escalinata de la Seu continua con un descenso por terrazas hasta la plaza. Al pie de la colina del Puigcardener está la capilla medieval de Sant Mar.





La Colegiata Basílica de Santa María de Manresa (la Seu) es uno de los ejemplos más representativos del gótico catalán y símbolo e icono de la capital de la comarca del Bages. Situada en la cima del Puigcardener, contempla la ciudad a su falda desde la ribera izquierda del río Cardener, al fondo del precipicio. La Seo es, sin duda, el principal referente histórico, de identidad y espiritual para todos los manresanos. Los privilegios concedidos por el Papa León XIII en 1886 convirtieron el templo en una basílica.

Aunque se denomina “Seu”,  nunca ha sido una seo catedralicia. Existe documentación del siglo IX donde se cita que el obispo Gotmar es obispo “osonenc i de Manresa”. La tradición, desde su construcción, ha hecho que éste fuese su nombre popular dada su dimensión de catedral, la existencia de un capítulo de canónigos (de aquí el nombre de colegiata) y la solemnidad e importancia que el pueblo siempre le ha dado.

El 30 de junio de 1322 firmó el contrato de construcción del templo el maestro de obras Berenguer de Montagut, que hizo el proyecto y dirigió la primera etapa a partir de la colocación de la primera piedra el año 1328. Montagut ya había construido en Manresa el Pont Nou, y posteriormente ejecutaría al mismo tiempo los proyectos de la Seu y de la iglesia del Carme. Le sucedió Bartomeu Ladernosa hacia el 1353-1357, posteriormente Arnau de Vellers a partir de 1396 y, seguidamente, Pere Armengou.

A partir de finales del siglo XV aparecen citados en documentos el maestro Martí d’Ibar, los franceses Arnau de la Blatte y Esteve Brueil, y también el maestro andaluz Alonso de Baena. En el siglo XVI los maestros Joan Font y Guerau Cantarell construyen el campanario. Finalmente, ya en el siglo XX, Alexandre Soler i March proyecta y dirige en parte la construcción de una fachada con un porche neogótico de tres portales y techo superior, situado entre la preexistente capilla del Santíssim y el nuevo baptisterio.

Entre 1545 y 1592 se construye encima de la parte románica del templo en la vertiente norte, el campanario de la Seu, uno de los elementos más distintivos de la silueta del monumento y del perfil de la ciudad.
El campanario tiene en la parte superior diversas aberturas y se culmina con una balaustrada.

En el s. XVII se incorporan las campanas y el reloj. A principios del siglo XX y hasta el 1936, el campanario lucía una aguja en la parte de arriba que rompía su fisonomía gótica. Al campanario, de 30 metros de altura, se sube por unas escaleras de caracol (cargol de Sant Pere).



El promontorio del Puigcardener, que se eleva junto al río Cardener, es el lugar donde nace la ciudad de Manresa con un primer núcleo de población ibérica. Continuado por una fortaleza romana, este lugar sería la base del desarrollo histórico de la ciudad, que empieza a consolidarse en la época medieval.


Es a partir de finales del siglo IX que tenemos la primera referencia de un culto en el Puigcardener que más tarde se convertiría en la iglesia románica del siglo XII, de la cuál conocemos su perímetro, base del templo gótico. Todavía se conservan algunos vestigios de aquella primera edificación románica: el tímpano de la puerta, una ventana y, sobretodo, el claustro.



La basílica de la Seu es un edificio que sigue las características estilísticas propias del gótico catalán, con planta de salón de tres naves, caracterizadas por la gran amplitud de la central que minimiza la de las laterales. El conjunto se cierra con un solo ábside heptagonal.

Vestigio de la iglesia románica que precedió al actual edificio gótico, son los elementos esculpidos de la que, con toda probabilidad, fue la portada principal. Hoy se encuentran situados en la fachada que da al claustro, en el lado norte de la Seu, cerca de la puerta de Santa Maria. Se trata de un par de arquivoltas decoradas, que reposan sobre dos columnas coronadas por capiteles historiados, entre los cuáles discurre un friso esculpido.

El tímpano, con la Virgen y el Niño acompañados de ángeles, es una reproducción del original que, muy deteriorado, se guarda en una de las galerías claustrales. Los autores de la portada se deben relacionar con los que trabajaron el claustro de Sant Cugat del Vallès y con los de la portada de la iglesia de Santpedor en la comarca del Bages, en los primeros años del siglo XIII.
El frontal del templo tiene un gran rosetón en la parte superior, y por debajo de éste hay un conjunto de cronología contemporánea, integrado por una galería de porches con escalinata de acceso acompañada de forjados, y lateralmente sobresalen dos torres: la del norte corresponde a la capilla del Santíssim y la del sur, al baptisterio, éste ultimo de planta octogonal y remate en aguja. En el lateral norte hay un campanario cuadrado de 60 m. de altura con ventanales a dos niveles, decorado con un reloj y rematado por una barandilla.

En el siglo XIII la ciudad de Manresa empieza a vivir su edad de oro gótica que llega a su apogeo en el siglo XIV, bajo el reinado del rey Pere III, el Cerimoniós. El 1296 se empieza a hablar en la ciudad de la necesidad de rehacer la vieja iglesia románica, aunque no es hasta el 1322 que se encarga al arquitecto Berenguer de Montagut que empiece a construir el templo gótico.


El claustro de la antigua canónica de la Seu presenta dos partes artística y cronológicamente diferenciadas. Por un lado, la más antigua –de la cuál sólo se conserva una pequeña parte- es de época románica. Si bien inicialmente hay quien la consideró del siglo XI por el primitivismo de sus capiteles, últimamente se decanta su datación a principios del siglo XIII. Consta de una secuencia de cuatro arcadas sostenidas por columnas pareadas o dobles.


El otro claustro, situado en un nivel superior, es del siglo XVIII. Lo componen cuatro galerías formadas por arcos de medio punto, con pilares y ménsulas de piedra. Es muy interesante su puerta de acceso, coronada por un arco conopial. En este espacio hay diversas piezas de interés artístico, como el tímpano original del portal románico y el sepulcro del canónigo Mulet, obra de Joseph Sunyer (1719).
La culminación de la Seu gótica tuvo lugar a finales del siglo XV y a partir de entonces el templo fue incorporando elementos que la iban completando con estilos de cada época. Así, desde el siglo XVI, con la construcción del campanario y de la cripta (decorada al estilo barroco en el siglo XVIII), hasta principios del siglo XX, en que se construyeron la fachada y el baptisterio neogótico, la Seu pasa del gótico al renacimiento, del barroco al neogótico.







La época moderna fue devastadora para el monumento debido a la quema de la ciudad durante la Guerra de Sucesión y la Guerra del Francés. Las obras de refuerzo durante el siglo XIX y el XX se vieron interrumpidas nuevamente por la Guerra del 1936 perdiéndose gran parte de su patrimonio. Lo que hoy nos queda de la Seu es el testimonio de la historia de la ciudad, de su gloria y de sus penurias.

El esplendor gótico en la ciudad se refleja en la expansión de las murallas, la construcción de las iglesias del Carme, Sant Pere o Sant Miquel, o de la Sèquia (acequia). La obra de la Seu fue posible gracias a las aportaciones de los fieles y al espíritu emprendedor de los manresanos de la época. El 1328 se colocó la

primera piedra y en el 1353 ya se celebró culto en la nueva iglesia.


El edificio tiene dos niveles: la nave central soportada por columnas rematadas por bóvedas de crucería y techo plano, con grandes ventanales laterales elevados cerrados con vitrales, y un segundo nivel, más bajo, que corresponde a las naves y las capillas laterales, con bóvedas de crucería comunes y una segunda hilera de ventanales con vitrales.

Exteriormente, los dos niveles están sostenidos y unidos por los contrafuertes y arbotantes, a los que se une la torre de una escalera de caracol cerca del ábside. El ábside es heptagonal, con siete capillas interiores, y a continuación hay una portalada a cada lado, después de cuyo tramo hay cinco tramos de capillas laterales.


























La Seu tiene un gran rosetón en la fachada principal, otro pequeño encima del portal sur, y treinta vitrales historiados y policromados que responden a tres patrones constructivos diferentes. No son los que existían antes del incendio de 1714; algunos son del siglo XIX y otros, de hace cincuenta años. Dispuestos en dos niveles, el superior corresponde a la nave central y el inferior a las capillas laterales; aportan luz exterior y una gran elegancia decorativa.




Los más antiguos corresponden a diseños de Francesc Morell, y de Apel·les Mestres; otros son de Joan Vila, ejecutados después de las destrucciones de 1936-1939. Se debe añadir a éstos los propios del baptisterio, que son una obra actual, realizada en el año 2008 por Nídia Esquius.



Fotos de Anna Jorba Ricart
Texto de la red.


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